Tu lengua en mí

Estoy aparcando la moto, recién llego ahora de la comisaría y mi ánimo está por las nubes. Me dispuse a subir las escaleras del portal, y te vi ahí, en la puerta de tu casa, me habías oído llegar, me pareció una situación de lo más graciosa, llevabas puesta una falda vaquera desgastada, bastante corta, con flecos de color blanco en el borde de las costuras, y una camiseta de algodón ceñida con el logotipo de Levi’s en rojo. Mientras subía las escaleras con el casco en la mano, no pude evitar mirarte de arriba a abajo, me encantabas, estabas como siempre, perfectamente imperfecta. Me detuve al llegar a tu altura y nos quedamos en la entrada mirándonos en silencio.

– ¿Así recibes a tus invitados? -Pregunté para romper el hielo.

A modo de respuesta sonreíste sutilmente, acercándote a un palmo de mí, cogiendo mi casco con tus manos, para volver a dar un paso atrás y colocarte en la frontera que delimitaba tu casa con el rellano del bloque.

-Ven a por él si lo quieres, -Respondiste con tono juguetón.

Al acercarme a ti, incorporaste tu brazo izquierdo hasta agarrarme de la chaqueta, llevándome a tu posición con un audaz y ágil movimiento de muñeca. Nuestros rostros se quedaron a unos breves centímetros el uno del otro, cerraste los ojos y comenzaste a besarme la barbilla con una delicadeza casi maestra.

– Mi marido volverá a las tres para comer, ven conmigo. -Me susurraste.

Casi sin darnos cuentas estábamos inmersos en una lluvia de húmedos y apasionados besos mientras me dirigías a tu habitación, me tumbaste en tu cama boca arriba, y comenzaste a agarrar tu falda desde el extremo inferior para comenzarla a subir muy lentamente, pude divisar perfectamente entre tus piernas aquel tanga amarillo de encaje que presagiaba el mejor de todos nuestros pecados.

Casi a gatas, te colocaste de rodillas encima de mí, hasta que tu amarilla ropa íntima comenzó a apoyarse directamente sobre la bragueta de mi pantalón, haciendo un sutil gesto de presión sobre mi sexo, mientras te incorporabas muy despacio hacia mi cuello, el cual lamiste con dulzura y delicadeza hasta acabar en el lóbulo de mi oreja, donde me propinaste un suave y sensual mordisco.

– No he parado de pensar en ti, ni un sólo minuto. -me dijiste mientras me rozaban tus labios sobre mi oreja.

Me pusiste tan cachondo que pronto notaste mi sexo empujar urgente sobre tu ropa interior, lo notaste al instante y me bajaste la cremallera del pantalón, pero todavía no estábamos piel con piel, querías jugar, te desabrochaste tu sostén de color rosa chicle y me aprisionaste el cuello con él, y sin quitarte la camiseta me acercaste los pezones para poder lamértelos a través de ella.

– Muérdeme los pezones a través de la camiseta. -Me dijiste casi gimiendo.

Por lo que comencé a lamer tus pechos, ya sin sujetador, hasta que el algodón quedó tan empapado por mi saliva que podía divisar tus pezones como si no llevaras la camiseta, querías follarme, te ladeaste el tanga y te acariciaste varias veces tu clítorix con mi endurecido sexo, para después introducírtelo entero dentro de ti, tan tan duro que no pudiste evitar un gesto de sorpresa, encogiéndote de hombros y mirando al techo cuando te entró la polla por completo, estabas tan caliente… que al agarrarte de las piernas noté como se te deslizaban gotitas de tu flujo resbalando por tus muslos, recorriéndolos al completo hasta llegar a empapar las sábanas.

Y así estuvimos, enloquecidos, piel con piel… hasta casi llegadas las tres.

FIN

11 respuestas a “Tu lengua en mí

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